Género

JUSTIFICACIÓN:

Las mujeres diagnosticadas de trastorno mental grave se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad social que otros colectivos: primero, por ser mujer, en segundo lugar por tener un trastorno mental grave y por último, en muchos casos, por ser víctimas de la violencia que sus familias puedan ejercer sobre ellas.

Históricamente existe igual incidencia y prevalencia de diagnóstico de esquizofrenia en hombres y mujeres, aunque algunos estudios apuntan a algo mayor la incidencia en hombres (Sartorius, 1986; Aleman y cols, 2003) y menor ratio de prevalencia hombre/mujer (Bland y Orn, 1994; Kender y Walsh, 1995).

A diferencia de los hombres con TMG, las mujeres, aunque son más proactivas para buscar ayuda por sus problemas de salud mental, tardan más tiempo en ser derivadas a recursos especializados, de hecho, ante la misma demanda, en mujeres es más frecuente el consejo y en hombres la derivación (Vega Alonso y cols 1999, Pipió y Vilaubí y cols.1997), las mujeres con TMG suelen mantenerse más en entornos privados (hay una mayor tolerancia a los síntomas), con escasa participación en la vida pública, y la violencia ejercida sobre ellas en el ámbito doméstico suele pasar desapercibida para los profesionales socio-sanitarios que las atienden.

Sin embargo, los estudios demuestran un mejor curso clínico (días de ingreso, nº recaídas, hospitalizaciones, síntomas) y social (funcionamiento global, social, ocupacional) en mujeres (Revisión Angermeyer y cols 1990).

En un estudio que se llevo a cabo en Madrid en el año 2011 se constató que sólo un 38% de las personas atendidas en los servicios de rehabilitación psicosocial de la Red de Atención Social a Personas con Enfermedad Mental Grave y Duradera eran mujeres, estando sobredimensionadas en recursos con objetivos de vivienda como EASC, Pisos Supervisados o minirresidencias e infrarrepresentadas en recursos de objetivos de autonomía como CRPS y sobre todo Centros de Rehabilitación Laboral.

Por otro lado, durante los últimos diez años ha habido un fuerte desarrollo en investigación en nuestro país que muestra que entorno al 28-53% de las mujeres que acuden a los SSM sufren o han sufrido violencia de género o violencia doméstica. Sin embargo, en muchos de estos estudios las mujeres con TMG están excluidas; de tal forma, que hay muy pocos estudios que evalúen la incidencia de cualquier forma de maltrato en esta población. Estos estudios refieren la alta vulnerabilidad de las mujeres con TMG a sufrir maltrato por parte de sus parejas o ex-parejas; así como ser víctimas de violencia doméstica. En el año 2015 se publicó un artículo dónde se muestran los resultados de un estudio realizado en la Comunidad de Madrid con mujeres. Las conclusiones del estudio nos hablan de que las mujeres con tmg tienen tres veces más de riesgo de sufrir violencia que una mujer sin diagnóstico de TMG.

Por eso, consideramos necesario conocer cuál es la atención real que estamos dando a las mujeres con TMG desde nuestros dispositivos y cuáles son las actuaciones específicas que hacemos con ellas.

El trabajo en rehabilitación según la perspectiva de género no consiste en segregar, sino en adecuar nuestras intervenciones a las necesidades que las mujeres tienen dentro de las diferentes áreas vitales y en incluir objetivos que les lleven a mayor visibilidad y a la ocupación de roles valiosos para la sociedad.